En el margen oriental del mar mediterráneo, exactamente frente a la península arábiga, se encuentra una tierra que constituye el paso entre África y Europa que en tiempos remotos se le llamó “tierra de Canaán”. Las condiciones geográficas poco favorables comparadas con sus vecinos egipcios y de la media luna fértil (Mesopotamia) aunado al hecho de ser zona de paso propició que los pueblos que la habitaron se convirtieran en hábiles comerciantes. Generalmente se acepta que los primeros pobladores fueron nómadas provenientes de la península arábiga del grupo de lengua semítica (de Sem, descendiente de Abraham).
Este territorio fue ocupado por los semitas llamados amorreos que establecieron varios poblados. Posteriormente fueron conquistados por los pueblos semitas que habitaban en la Mesopotamia, es decir los babilonios. Posteriormente por los indoeuropeos hicsos, acadios, etc. asentados en la parte meridional de Mesopotamia y las tierras del Mitanni -actual Turquía-. Particularmente conocidos fueron los fenicios, pueblo mercante que se expandió por las costas de África y del Mediterráneo.
La historia de Canaán, parece nimia comparadas con la de sus vecinos egipcios y sumerios; ni que decir de los griegos. Sin embargo, al menos legaron al mundo dos grandes hitos: la invención de la escritura fonética y la religión monoteísta que es la base de la judía, cristiana y musulmana.
En la tradición judía Jacobo, sin saberlo, peleó fieramente contra Dios por lo que a partir de ese entonces se llamó Israel: el que pelea contra ángeles. Por esa razón a sus descendientes se les llama israelitas. Este pueblo en realidad es una más de las tribus semíticas que llegaron más tardíamente a la tierra de Canaán. Pelearon por su espacio y su religión. Esta es el génesis del pueblo Israelita. Pero, ¿cómo y por qué se dispersaron por todo el mundo? Eso lo veremos en el próximo artículo.
Hasta entonces.
(*) Director de Tecnología de Indicium Solutions.