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Boletín Electónico |
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Por: Adrián Ramírez Parra (*) |
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Sus párpados se abrieron lentamente. La luz de los primeros rayos al despuntar el alba, que ya casi inundaba el espacio total, llegaba directo a sus ojos. Pensó en Eos, titánida griega, que los romanos llamarían Aurora. La veía separando, con sus sonrosados dedos, las hojas de la puerta celestial para que Helios, su hermano el sol, saliera a esparcir su luz y calor sobre la faz de la tierra. Le pareció ver a Zeus en el cielo que uniendo, amontonando y desplazando nubes esculpía formas caprichosas, mientras esperaba el gran acontecimiento. Se inclinó ligeramente, recargándose en sus brazos. Observó en el horizonte como se dibujaba la negra silueta de las escarpadas montañas que situadas frente al amenazador mar, delineaba un angosto paso -el famoso paso de las termópilas-
Leonidas, rey de Esparta, sabía que en unas pocas horas la tierra retumbaría anunciando la marcha del ejército del rey persa Jerjes, el más numeroso y poderoso de la época. Habría de enfrentarle con sus tres cientos hoplitas espartanos y los poco más mil aliados. No le inquietaba: la educación castrense de la sociedad espartana con su férrea disciplina le forjaron un carácter donde se prefería la muerte al deshonor de abandonar una batalla. La noticia, recién recibida, de la invasión persa le permitió elegir el campo de batalla: las termópilas cuya estrechez anularía la ventaja de la superioridad numérica del ejército rival.
Recordó lo fortuito de la llegada del mensaje y el ingenio mostrado por Demarato: Este era un griego desterrado de la patria que vivía en la ciudad persa de Susa desde donde se percataba de los intensos preparativos militares que presagiaban la inminente guerra. A pesar del ostracismo del que fue objeto, todavía conservaba el amor por la cultura helena. Tenía que encontrar la forma de avisarles a espartanos y atenienses, lo que sin duda alguna constituía un gran riesgo, pues en caso de ser descubierto sería ejecutado. Finalmente, decidió que una buena idea sería retirar la cera que se aplicaba para escribir sobre tablillas y grabar el mensaje en la madera directamente. Hecho esto, recubriría nuevamente con cera las tablillas. De esta manera el aviso pudo viajar sin ser descubierto.
La llegada de las tablillas a Esparta, con su blanca superficie de cera, parecía no ser de gran relevancia, sin embargo la inteligencia y sobre todo la enorme intuición femenina de la hija de Leonidas, Grogo le indicaban que debían ser portadoras de alguna noticia importante. Había revisado meticulosamente el reverso, el anverso, los laterales; acercaba la madera a sus ojos e inclinándolas contra el sol buscaba alguna hendidura en la pulida superficie. El esfuerzo no daba resultados. Como último recurso, vaticinó que si se despojaba de la cera a las tablillas podrían lograr un hallazgo. Al hacerlo así el mensaje quedo develado. Sin perder tiempo alguno, los griegos establecieron su estrategia y se prepararon para enfrentar al enemigo.
La batalla ya se prolongaba por tres días, cuando un griego conocedor de la zona, Elfiates (pesadilla) les mostró a los persas un paso para rodear a Leonidas y sus hombres. A pesar de que este estaba protegido por aliados, estos se dieron a la retirada cuando llegaron los persas. Leonidas, al percatarse, arengó a sus tres cientos espartanos: “Desayunen bien porque hoy cenaremos en el Ades”. No fue posible resistir más. Los hoplitas espartanos cayeron abatidos por las flechas enemigas.
A pesar de la derrota en esta batalla, se logró retrasar el avance persa y sobre todo elevar la moral griega al tiempo que se desmoronaba la persa. La victoria final la lograron los griegos en las batallas de Salamina donde destruyeron una parte importante de la flota persa; en la batalla de Platea y la de Micala donde hundieron a la totalidad de la flota.
La batalla en el paso de las termópilas es considerada una de las más famosas que se hayan llevado a cabo jamás. Supone la supervivencia de los valores occidentales de libertad y democracia que probablemente hubieran desaparecido si los pocos griegos que defendieron el paso no detuviesen a Jerjes. Ahora podremos apreciar que elementos de apariencia sencilla como son un pedazo de madera con cera, aunados a un gran ingenio, pueden alterar el curso de la historia. La información de nuestras empresas también es de gran valía. Cuidémosla adecuadamente.
(*) Director de Tecnología de Indicium Solutions.
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